Qué enfermedades se consideran incapacidad permanente absoluta y cuáles son las patologías más frecuentes en estos procesos
En la incapacidad permanente absoluta (IPA), una de las preguntas más comunes que surgen durante su tramitación es: ¿qué enfermedades pueden justificar este tipo de incapacidad?
Aunque la respuesta definitiva depende siempre de una valoración médica individualizada, existen ciertos grupos de patologías que suelen estar presentes en los expedientes favorables. En este artículo exploramos cuáles son, cómo influyen y qué aspectos tienen en cuenta los organismos competentes al evaluar cada caso.
El diagnóstico no lo es todo para determinar una incapacidad permanente absoluta: lo que realmente se valora
Antes de hablar de condiciones médicas concretas, es esencial aclarar que el simple hecho de tener un diagnóstico —por grave que parezca— no implica automáticamente el reconocimiento de una IPA. Lo que se analiza es el impacto real de la enfermedad o combinación de enfermedades en la capacidad laboral global del trabajador.
Por tanto, se valoran:
- Limitaciones funcionales permanentes.
- Ausencia de respuesta al tratamiento.
- Estabilidad clínica sin previsión de mejoría.
- Afectación en tareas básicas o cognitivas necesarias para cualquier empleo.
Con esto en mente, veamos algunos de los grupos de patologías que suelen aparecer con frecuencia en las resoluciones.
Detalle de qué enfermedades se consideran incapacidad permanente absoluta:
Trastornos musculoesqueléticos y del aparato locomotor en la incapacidad permanente absoluta
Algunas de las causas más habituales de incapacidad están relacionadas con afecciones crónicas y degenerativas del sistema musculoesquelético. Dolencias que afectan a la columna, las articulaciones o el sistema nervioso periférico pueden limitar gravemente la movilidad o la autonomía.
Aunque muchos de estos cuadros inicialmente dan lugar a una incapacidad parcial o total, su evolución y agravamiento podrían derivar en una IPA si afectan de forma generalizada al desempeño físico.
Incapacidad permanente absoluta por enfermedades neurológicas y neurodegenerativas
Las patologías del sistema nervioso, tanto central como periférico, suponen otro bloque habitual. Aquí se incluyen afecciones de curso progresivo que comprometen funciones motoras, sensitivas o cognitivas. Se tiene en cuenta la pérdida de coordinación, memoria, capacidad de concentración o autonomía personal.
Aunque no todas las enfermedades neurológicas desembocan en una IPA, su evolución y falta de respuesta al tratamiento pueden generar situaciones permanentes e invalidantes.
Los trastornos mentales y del comportamiento enmarcados en la incapacidad permanente absoluta
Cada vez más solicitudes por incapacidad incluyen trastornos psicológicos o psiquiátricos de larga duración. En estos casos, el foco está en el deterioro de las habilidades sociales, la desregulación emocional y la imposibilidad de mantener rutinas productivas.
Los procesos evaluadores estudian si existe una cronificación del trastorno y si las medidas terapéuticas han resultado ineficaces, algo esencial para acreditar la irreversibilidad funcional.
Enfermedades cardiovasculares y respiratorias que pueden determinar una incapacidad permanente absoluta
El corazón y los pulmones son órganos vitales cuya afectación puede limitar severamente la capacidad para llevar una vida laboral activa. Algunas enfermedades pulmonares obstructivas crónicas (EPOC), cardiopatías o situaciones postquirúrgicas pueden derivar en limitaciones constantes.
Se valora en estos casos la tolerancia al esfuerzo, la necesidad de oxígeno o asistencia externa, así como las posibles recaídas.
La implicación del cáncer y de las enfermedades sistémicas en la incapacidad permanente absoluta
Aunque el diagnóstico de cáncer por sí mismo no implica una IPA, hay determinados procesos oncológicos en fase avanzada o con secuelas permanentes que generan cuadros invalidantes. También enfermedades autoinmunes, metabólicas o infecciosas crónicas pueden influir si generan deterioro funcional profundo.
En estos supuestos se analiza la respuesta al tratamiento, la esperanza de vida y el impacto en la energía, el sistema inmune o la capacidad de adaptación al trabajo.
En definitiva no existe un listado cerrado de qué enfermedades se consideran incapacidad permanente absoluta: hemos analizado algunas pero cada caso es único
No existe un “listado cerrado” de enfermedades que den derecho a una incapacidad permanente absoluta. Cada caso es único y la clave reside en cómo esa condición —aislada o en conjunto con otras— afecta de forma global y persistente a la capacidad para trabajar.
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